martes, 11 de agosto de 2015

37) EL MEJOR ANTÍDOTO, LA COMPAÑÍA ~

  Me gustaría pedirte disculpas por haber recortado estas fotografías; tras hablar con el protagonista secundario de esta historia, aún dándome su consentimiento para apoyar gráficamente a este relato con una foto completa de su hijo en el puesto de conducción de su camión mientras esperábamos nuestras respectivas cargas, para proteger la identidad de su hijo, evitando mostrar su rostro completo,y tras haber conocido pinceladas de su vida, la cual, tiene todo lo necesario para ser admirada, me limitaré a reflejar la lección y emoción que ha promulgado este niño  de tan sólo diez años en mi persona.
 Al apearme de mi cabina, observé como Eduardo  trasteaba en el puesto de conducción del camión de su padre, mientras éste aguardaba su turno de carga.
 Su rostro pizpireto, afianzado por saberse un niño muy guapo, no sólo por su sonrisa pilla, sino también por su desparpajo, me llevaron a preguntarle:
   - Buenas tardes, te gustan mucho los camiones...?
 Sorprendido por la pregunta de un extraño, que bien indicaba el aleccionamiento de un padre, no sin antes dudar, contestó:
    - Así, así....unos días más, pero otros menos. Acompañando su respuesta con un movimiento oscilante de las palmas de sus manos.
    - No me lo creo, porque se te ve encantado, imitando a un experto camionero, pero ya grandeeee. Le respondí
Él con su sonrisa de Lazarillo, se refugiaba en una timidez protectora.
Como el chaval me cameló, continúe con mi curiosidad:
   -Vamos a ver, me puedes explicar por favor, por qué dices eso de que el camión te gusta, así o asi...? imitando su respuesta, y el giro de sus manos.
 Eduardo, se incorporó en su asiento, imitando la postura del camionero, cuando bajamos la ventanilla para atender a la autoridad del tráfico, me respondió:
 -Pues te lo voy a explicar, verás, el camión no me gusta, porque cuando estoy en él, me encuentro lejos de mi familia y amigos. Y les echo de menos.
Ante esta respuesta tan madura para un niño de su edad, no pude por menos que preguntarle:
  - y dónde vais de viaje, tu padre y tú..?
  - ¡pues a Bélgica...!
Me sopetó sin inmutarse, como si fuera ahí al lado
  - entonces no lo entiendo, Eduardo, si dices que no te gusta el camión, no comprendo que acompañes a tu padre para hacer un viaje tan largo...
Él, sin soltar sus pequeñas manos sobre la ventanilla me respondió:
   - yo se que mi padre necesita compañía, porque siempre está solo...y la soledad no es buena.

Ante esta respuesta, este camionero, le ofreció su mano para decirle:
 - Eduardo, que orgulloso ha de estar tu padre  de ti, porque yo habiéndote conocido hoy, lo estoy ....y mucho.
Él, sin dudarlo, me estrechó la mía, con su sonrisa, que tanto encandila

   ¡Gracias Eduardo por ser como eres
     y por la lección que me ofreciste!

Nota: una vez efectuada la carga, le di cuenta de la conversación al padre de Eduardo, quien no pudo evitar mostrarse emocionado ante su retoño...En realidad, ayer tarde, un niño emocionó a dos camioneros.... adultos...que bien sufrimos los daños colaterales de la soledad en nuestras cabinas, sobre todo en determinadas circunstancias de la vida...

No hay comentarios:

Publicar un comentario