lunes, 19 de octubre de 2015

81) LAS SALINAS DE SANTA POLA

 Cuando un castellano llega a la costa, queda admirado por las vistas contempladas desde su lugar de observación. Pero no todos las personas que son de tierra a dentro, pueden contemplar las vistas mientras viaja desde la altura que ofrece el puesto de conducción de un camión.
 El poder ver ciertos detalles, que un viajero de turismo nunca podrá observar porque el guardarail o distintos objetos le dificultan su visión, este camionero disfruta de unas vistas envidiables.

Vista general del almacén y fábrica Salinas Santa Pola

 La llegada a las Salinas de Santa Pola(Alicante) fue especial, por sentirme cual gondolero veneciano, pues la carretera N-332, que une Alicante con Orihuela, discurre serpenteando entre las balsas que conforman este complejo de explotación del agua marina para extraer la sal que adereza y condimentan nuestros guisos antes de ser devorados con ahínco.

Vista zona de oficinas y entrada a Salinas.

 No esperaba, entrar en unas instalaciones, en las que las oficinas de recepción de los camioneros estuviesen en un edificio que me recordase a ciertas torres de vigilancia costera; pues la construcción estaba coronada por un mirador, desde el cual, el dueño de la explotación salina, como sus visitas, bien podían comprobar el trabajo de extracción de la sal, su tratamiento, y posterior transporte. Sin olvidar, que desde ese baluarte, se puede otear la vida en las playas aledañas, pues desde mi lugar de carga, observaba en el horizonte, un parapente de algún aficionado a los altos vuelos, así como desde la carretera se podían contemplar a los bañistas, que ni en temporada, considerada como baja por los hosteleros, se pierden ni un rayo del Sol que  achicharra aunque estemos en Octubre medianero.

Vista de sal empaquetada, ante la balsa o salina
donde la Naturaleza la sedimenta... Ayudada
por la climatología favorable de temperatura cálida
durante todo el año.

 Quizá sea por el cambio climático, el causante del exceso de sal producida, que ha propiciado que no se hayan extraído por completo las toneladas de sal acumuladas en estas balsas, desde mediados de Septiembre del pasado año hasta Agosto del presente; ya que la extracción se realiza durante mediados de Agosto, hasta finales de Septiembre.
Tractores y máquinaria diversa empleada para
la extracción de la sal.

 Es decir, que mientras los veraneantes extranjeros, y españoles disfrutan en esta zona del Mediterráneo jugando con sus palas, tomando un baño, así como sus pequeños levantan los castillos de arena en la playa; en los aledaños a su zona de esparcimiento se encuentra  la zona de reposo para el secado de la sal. Donde están acumuladas más de 150000 toneladas; las cuales conforman ese castillo tan particular, que más que sal estival, parece nieve invernal. Esta mole de sal es tan alta, que las construcciones civiles de pisos y apartamentos de las urbanizaciones aledañas, se quedan pequeñas al lado del abnegado trabajo del personal que trabaja en las Salinas.

El "castillo" de sal, que no de arena, no pasa
desapercibido para ningún viajero.
150000 toneladas esperan su secado tras su lavado
para ser empaquetada o envasada en varieda de formatos

Una vez que las balsas son vaciadas del agua marina albergada por potentes bombas que la succionan del Mediterráneo, los operarios entran con tractores cuyos aperos enganchados roturan la gruesa capa sedimentada por el paso de los meses.

Puerta de desagüe de la balsa o salina.En el mes
de Agosto es abierta para el vaciado.
 A continuación, la sal es cargada por maquinaria diversa en dúmperes que la  vierten en unas cintas transportadoras, que desembocan su carga salina sobre los camiones.
Rampa de acceso para la maquinaria diversa
que rotura la sal sedimentada, para su extracción
 Estos descargan su preciada carga en los lavaderos mecánicos, donde la suciedad es eliminada quedando la sal inmaculada, no sólo por su blancura, sino también por su textura.
Camión cargado con sal, procedente de la zona de
secado, tras el lavado. Operación, la del lavado, que
se realiza en las máquinas que se aprecian en
el fondo de la foto.
 Es entonces, cuando  a través de una cinta transportadora que evita por las alturas la Carretera Nacional, la sal es depositada en la zona de secado; hasta ser de nuevo cargada por maquinaria de obra pesada en  camiones rígidos, que una vez cargados, vuelven a cruzar el umbral de la fábrica salinera para depositar su carga en las dependencias, donde es transformada en multitud de texturas, según pedidos de los diferentes clientes.

Desde su despacho, los encargados o jefes
pueden observar las tareas de extracción
y carga de la sal.

  Así como su formato de transporte, pues es tan variado, como el pedido lo solicite, desde grandes sacas o big bags, pasando por sacos de distintos formatos, y el embalaje tradicional individual que se encuentra en el lineal de cualquier supermercado. Mencionar también, que existen multitud de nuevos formatos presentados al cliente de la sal alimentaria, pues este lego en la materia, confundió unos paquetes de sal para aderezar carnes en las barbacoas, con la que utilizan las doñas para sus baños relajantes en la bañera o balnearios diversos. Sirva como anécdota risueña, pues mi comentario promulgó la sonrisa en los dos recepcionistas de la oficina de las Salinas.

Sal para aderezar carnes, y no
para el baño, como creyó este
camionero al contemplar estos
embalajes tan curiosos.

   En estas Salinas de Santa Pola sus pedidos van dirigidos en exclusiva a la industria alimentaria, escarmentados sus propietarios, ante la demora que reciben de la Administración Estatal para poner al día sus cuentas, y poder cobrar los salineros las deudas adquiridas de las campañas invernales en las carreteras; pues, bien conocemos que la sal es utilizada para evitar los peligros de las heladas por las bajas temperaturas invernales. Según pude escuchar a oreja puesta en conversación ajena, existen propietarios de Salinas que tardan hasta tres años  en cobrar sus aprovisionamientos de sal dirigidas a la Administraciones del Estado encargadas de la Conservación de las Carreteras.

 De entre todos los empleados, tuve la suerte de ser cargado por Manuel. Un maquinista, quien a sus 16 años, cuando se moceaba por estos lares, , entró a trabajar en estas Salinas. Muchos años han pasado desde entonces, pues en la actualidad, cuenta con 53 primaveras.
Manuel, 38 años de su vida
dedicados a la extracción, empaquetado
y carga de la sal.
El paso de los años, sea por la brisa mediterránea que le acicala el rostro a quien mora o trabaja en estos lares, o por el carácter festero de los nativos de estas tierras, a Manuel a penas se le nota el paso del tiempo, aún a pesar de estar 38 años de su vida a pie de salina. Hombre risueño y de trato agradable me fue contando anécdotas de su trabajo. La evolución de los sistemas mecánicos, así como del cambio de actitud que ha observado también en los transportistas, pues algunos de ellos en cuanto se apean de sus cabinas, obvian la buena educación, anteponiendo la exigencia y premura en la carga, antes de dar la hora perceptiva, sea mañanera o vespertina. Según decía, el comadreo con los camioneros de su época más lozana, había pasado a mejor vida, pues bien que se nota que en el sector del transporte ya existen camioneros que no tienen la vocación que sintieron nuestros antecesores, provocando que su carácter sea más irascible. Escribo esto, porque los camioneros reclamamos una buena atención, pero nos olvidamos de ofrecerla cuando llegamos a los lugares de carga y descarga.
Las condiciones del clima, sea por
la temperatura, como por el Levante, ayudan
a la producción de la sal en estos lares mediterráneos.

¡Tengámoslo en cuenta compañeros..!
 Según narraba este hombre, el trabajo ha ido evolucionando con el paso de las décadas, y donde antes había muchos hombres trabajando, soportando sobre sus espaldas kilos y kilos de sal ensacada, ahora son las máquinas las que realizan el trabajo. Contaba con nostalgia, cómo multitud de sacos llenos de sal eran cargados por trabajadores a pulso, en aquellos camiones que hoy son pieza de coleccionistas caprichosos de tener en su poder elementos mecánicos de otras épocas.
La evolución, no sólo se aprecia en las Salinas,
si no también en la carreta.

 Mientras Manuel me explicaba el proceso anteriormente descrito del tratamiento de la sal, desde el umbral del almacén,  pude observar a varios de sus compañeros trabajando a pie de maquinaria industrial; la cual, no se detenía en el llenado de diferentes formatos, que una vez apilados en su zona de almacenamiento, esperaban su turno de ser cargados en los innumerables camiones que llegan a estas sencillas instalaciones que extraen y tratan la sal, tan necesaria para nuestra vida.
 Mientras Manuel continuaba cargando camiones con procedencia y destino nacional e internacional, sus compañeros camioneros, no dejaban de entrar y salir del perímetro de las Salinas, conduciendo los Scanias rígidos que alimentan sin descanso la boca de aprovisionamiento del almacén logístico.
La entrada y salida de camiones es constante
 Fue una experiencia gratificante poder cargar en estas Salinas, no solo por poder disfrutar de unas vistas únicas, sino también por poder tratar a personas íntegras, que le acogieron a este camionero con un trato cercano, desde los recepcionistas en la oficina, hasta los empleados que por allí pululaban desarrollando sus obligaciones varias.
 No debo obviar la imagen nostalgia que representa una carretilla de madera, protagonista principal de la rotonda interior que controla la entrada y salida de modernos camiones. Quizás esta carretilla sea el recuerdo de muchos operarios que han trabajado en estas instalaciones desde tiempos lejanos. Estoy seguro que Manuel, como alguno de sus compañeros más veteranos habrán transportado sal en carretillas como esta en sus años mozos, hoy pieza de museo.

Si la carretilla pudiese ser entrevistada.
¡ Redios, que testimonios  más valiosos!

Al contemplar esta caretilla de madera, no pude por menos que traer a mi memoria las faenas ganaderas en el corral de mi familia. Pues no hemos de obviar, que los animales también precisan la sal para poder desarrollarse. Así como sus carnes, tras su sacrificio, necesitan ser aderezadas con la sal de nuestras salinas. Recuerdos de las matanzas domiciliaras surgieron en estas instalaciones, pues la sal era pesada en una báscula, una vez desposeída de su embalaje plástico. Con el fin de no pasarse en el gramaje, para que los chorizos y jamones se curaran a gusto de la familia, cuya receta de adobo ha sido heredada de padres a hijos desde tiempos inmemoriales, siendo la sal coprotagonista necesario de esta tradición de siglos.
 En la actualidad, los mataderos y salas de despiece, así como los secaderos de jamones reciben toneladas y toneladas de sal.
Una carretilla que invita a la regresión en busca de tiempos anteriores, que fueron duros a pie de estas balsas, donde la naturaleza y sus condiciones climáticas nos regalan la sal que da brío y sabor a nuestra vida...
¡ A Manuel, y sus compañeros, gracias por vuestro trabajo, y facilidades dadas a este aficionado a la escritura para narrar y apoyar con fotos vuestro abnegado trabajo...!
 Y como dicen en en mi tierra:

       ¡ QUE SALERO TENÉIS...
     PARA AFRONTAR LA VIDA....!

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