Cuando un castellano llega a la costa, queda admirado por las vistas contempladas desde su lugar de observación. Pero no todos las personas que son de tierra a dentro, pueden contemplar las vistas mientras viaja desde la altura que ofrece el puesto de conducción de un camión.
El poder ver ciertos detalles, que un viajero de turismo nunca podrá observar porque el guardarail o distintos objetos le dificultan su visión, este camionero disfruta de unas vistas envidiables.
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| Vista general del almacén y fábrica Salinas Santa Pola |
La llegada a las Salinas de Santa Pola(Alicante) fue especial, por sentirme cual gondolero veneciano, pues la carretera N-332, que une Alicante con Orihuela, discurre serpenteando entre las balsas que conforman este complejo de explotación del agua marina para extraer la sal que adereza y condimentan nuestros guisos antes de ser devorados con ahínco.
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| Vista zona de oficinas y entrada a Salinas. |
No esperaba, entrar en unas instalaciones, en las que las oficinas de recepción de los camioneros estuviesen en un edificio que me recordase a ciertas torres de vigilancia costera; pues la construcción estaba coronada por un mirador, desde el cual, el dueño de la explotación salina, como sus visitas, bien podían comprobar el trabajo de extracción de la sal, su tratamiento, y posterior transporte. Sin olvidar, que desde ese baluarte, se puede otear la vida en las playas aledañas, pues desde mi lugar de carga, observaba en el horizonte, un parapente de algún aficionado a los altos vuelos, así como desde la carretera se podían contemplar a los bañistas, que ni en temporada, considerada como baja por los hosteleros, se pierden ni un rayo del Sol que achicharra aunque estemos en Octubre medianero.
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| Vista de sal empaquetada, ante la balsa o salina donde la Naturaleza la sedimenta... Ayudada por la climatología favorable de temperatura cálida durante todo el año. |
Quizá sea por el cambio climático, el causante del exceso de sal producida, que ha propiciado que no se hayan extraído por completo las toneladas de sal acumuladas en estas balsas, desde mediados de Septiembre del pasado año hasta Agosto del presente; ya que la extracción se realiza durante mediados de Agosto, hasta finales de Septiembre.
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| Tractores y máquinaria diversa empleada para la extracción de la sal. |
Es decir, que mientras los veraneantes extranjeros, y españoles disfrutan en esta zona del Mediterráneo jugando con sus palas, tomando un baño, así como sus pequeños levantan los castillos de arena en la playa; en los aledaños a su zona de esparcimiento se encuentra la zona de reposo para el secado de la sal. Donde están acumuladas más de 150000 toneladas; las cuales conforman ese castillo tan particular, que más que sal estival, parece nieve invernal. Esta mole de sal es tan alta, que las construcciones civiles de pisos y apartamentos de las urbanizaciones aledañas, se quedan pequeñas al lado del abnegado trabajo del personal que trabaja en las Salinas.
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| El "castillo" de sal, que no de arena, no pasa desapercibido para ningún viajero. 150000 toneladas esperan su secado tras su lavado para ser empaquetada o envasada en varieda de formatos |
Una vez que las balsas son vaciadas del agua marina albergada por potentes bombas que la succionan del Mediterráneo, los operarios entran con tractores cuyos aperos enganchados roturan la gruesa capa sedimentada por el paso de los meses.
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| Puerta de desagüe de la balsa o salina.En el mes de Agosto es abierta para el vaciado. |
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| Rampa de acceso para la maquinaria diversa que rotura la sal sedimentada, para su extracción |
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| Camión cargado con sal, procedente de la zona de secado, tras el lavado. Operación, la del lavado, que se realiza en las máquinas que se aprecian en el fondo de la foto. |
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| Desde su despacho, los encargados o jefes pueden observar las tareas de extracción y carga de la sal. |
Así como su formato de transporte, pues es tan variado, como el pedido lo solicite, desde grandes sacas o big bags, pasando por sacos de distintos formatos, y el embalaje tradicional individual que se encuentra en el lineal de cualquier supermercado. Mencionar también, que existen multitud de nuevos formatos presentados al cliente de la sal alimentaria, pues este lego en la materia, confundió unos paquetes de sal para aderezar carnes en las barbacoas, con la que utilizan las doñas para sus baños relajantes en la bañera o balnearios diversos. Sirva como anécdota risueña, pues mi comentario promulgó la sonrisa en los dos recepcionistas de la oficina de las Salinas.
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| Sal para aderezar carnes, y no para el baño, como creyó este camionero al contemplar estos embalajes tan curiosos. |
En estas Salinas de Santa Pola sus pedidos van dirigidos en exclusiva a la industria alimentaria, escarmentados sus propietarios, ante la demora que reciben de la Administración Estatal para poner al día sus cuentas, y poder cobrar los salineros las deudas adquiridas de las campañas invernales en las carreteras; pues, bien conocemos que la sal es utilizada para evitar los peligros de las heladas por las bajas temperaturas invernales. Según pude escuchar a oreja puesta en conversación ajena, existen propietarios de Salinas que tardan hasta tres años en cobrar sus aprovisionamientos de sal dirigidas a la Administraciones del Estado encargadas de la Conservación de las Carreteras.
De entre todos los empleados, tuve la suerte de ser cargado por Manuel. Un maquinista, quien a sus 16 años, cuando se moceaba por estos lares, , entró a trabajar en estas Salinas. Muchos años han pasado desde entonces, pues en la actualidad, cuenta con 53 primaveras.
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| Manuel, 38 años de su vida dedicados a la extracción, empaquetado y carga de la sal. |
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| Las condiciones del clima, sea por la temperatura, como por el Levante, ayudan a la producción de la sal en estos lares mediterráneos. |
¡Tengámoslo en cuenta compañeros..!
Según narraba este hombre, el trabajo ha ido evolucionando con el paso de las décadas, y donde antes había muchos hombres trabajando, soportando sobre sus espaldas kilos y kilos de sal ensacada, ahora son las máquinas las que realizan el trabajo. Contaba con nostalgia, cómo multitud de sacos llenos de sal eran cargados por trabajadores a pulso, en aquellos camiones que hoy son pieza de coleccionistas caprichosos de tener en su poder elementos mecánicos de otras épocas.
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| La evolución, no sólo se aprecia en las Salinas, si no también en la carreta. |
Mientras Manuel me explicaba el proceso anteriormente descrito del tratamiento de la sal, desde el umbral del almacén, pude observar a varios de sus compañeros trabajando a pie de maquinaria industrial; la cual, no se detenía en el llenado de diferentes formatos, que una vez apilados en su zona de almacenamiento, esperaban su turno de ser cargados en los innumerables camiones que llegan a estas sencillas instalaciones que extraen y tratan la sal, tan necesaria para nuestra vida.
Mientras Manuel continuaba cargando camiones con procedencia y destino nacional e internacional, sus compañeros camioneros, no dejaban de entrar y salir del perímetro de las Salinas, conduciendo los Scanias rígidos que alimentan sin descanso la boca de aprovisionamiento del almacén logístico.
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| La entrada y salida de camiones es constante |
No debo obviar la imagen nostalgia que representa una carretilla de madera, protagonista principal de la rotonda interior que controla la entrada y salida de modernos camiones. Quizás esta carretilla sea el recuerdo de muchos operarios que han trabajado en estas instalaciones desde tiempos lejanos. Estoy seguro que Manuel, como alguno de sus compañeros más veteranos habrán transportado sal en carretillas como esta en sus años mozos, hoy pieza de museo.
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| Si la carretilla pudiese ser entrevistada. ¡ Redios, que testimonios más valiosos! |
Al contemplar esta caretilla de madera, no pude por menos que traer a mi memoria las faenas ganaderas en el corral de mi familia. Pues no hemos de obviar, que los animales también precisan la sal para poder desarrollarse. Así como sus carnes, tras su sacrificio, necesitan ser aderezadas con la sal de nuestras salinas. Recuerdos de las matanzas domiciliaras surgieron en estas instalaciones, pues la sal era pesada en una báscula, una vez desposeída de su embalaje plástico. Con el fin de no pasarse en el gramaje, para que los chorizos y jamones se curaran a gusto de la familia, cuya receta de adobo ha sido heredada de padres a hijos desde tiempos inmemoriales, siendo la sal coprotagonista necesario de esta tradición de siglos.
En la actualidad, los mataderos y salas de despiece, así como los secaderos de jamones reciben toneladas y toneladas de sal.
Una carretilla que invita a la regresión en busca de tiempos anteriores, que fueron duros a pie de estas balsas, donde la naturaleza y sus condiciones climáticas nos regalan la sal que da brío y sabor a nuestra vida...
¡ A Manuel, y sus compañeros, gracias por vuestro trabajo, y facilidades dadas a este aficionado a la escritura para narrar y apoyar con fotos vuestro abnegado trabajo...!
Y como dicen en en mi tierra:
¡ QUE SALERO TENÉIS...
PARA AFRONTAR LA VIDA....!
















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