sábado, 17 de octubre de 2015

80) UPPER: UN EXPERIENCIA CULINARIA

 A la hora de buscar un lugar para avituallar a nuestro cuerpo nos decantamos por aquellos restaurantes en los que su parking está lleno de vehículos, sirviendo como referencia, sobre todo, si los allí estacionados son en su mayoría camiones.

Entrada Restaurante Upper
Hay quien también acude a una casa de comidas influenciado por afamadas guías que pululan por nuestras librerías y estaciones de servicio; sin olvidar, a quienes acuden a un local de restauración en pos del boca a boca.
 Sin embargo se pueden encontrar locales, que sin tener a su puerta ningún parking, ni su nombre en grandes marquesinas publicitarias, bien pueden satisfacer al comensal más exigente, y sobre todo si busca la comida casera, dos palabras que bien definen un buen guiso, mejor segundo plato, y a poder ser un postre, de esos, que quitan el hipo.

Zona de descarga instalaciones Upper

 Pues bien, si usted tiene que acudir por algún motivo al polígono industrial de Cartagena, en cuanto acceda a la calle Luxemburgo, encontrará unas instalaciones logísticas del grupo Upper, a mano izquierda, para más señas. Es una cooperativa que trabaja bajo el amparo de la marca Spar, en cuyas instalaciones se descargan y cargan multitud de tráilers y camiones de pequeño y medio tonelaje. Es de esos lugares donde el camionero encuentra el refugio por la manera de proceder de siempre. En estas instalaciones son los empleados los que descargan tu camión, mientras algún camionero se va a tomar un café, de esos de toda la vida, sin tener que introducir ninguna moneda por una rendija, y esperar a que suene la colocación y llenado automáticos en vaso de plástico; y todo porque sin salir del recinto, todos los empleados, camioneros proveedores, así como algún cliente que  cruce el umbral de este pequeño bar atraído por la cartelería anclada a la valla  perimetral del recinto.


Zona de barra del Bar Upper en Cartagena.
 Es un establecimiento en donde la sencillez de su mobiliario, así como la decoración austera, invitaban a este comensal a dudar de las respuestas que le había dado  al preguntar:
  - ¿ Cómo se come en este bar...?
  - De lujo- respondían, sin dudar.
 Bien es cierto, que a la hora de recomendar un lugar para almorzar o cenar, incluso para desayunar; cada cual tiene su expectativas colocadas a una altura, pero en fin, cuando preguntas varias veces, y la respuesta es positiva, por mayoría democrática, mal no se ha de comer.
 Y ya la sonrisa del barman y camarero de mesa al mismo tiempo hacía presagiar que en aquellas 6 mesas, rodeadas de sillas de hierro negra, y asiento mullido, bien se podía disfrutar de viandas caseras, y más si las emanaciones que surgían de las cacerolas al fuego hacían brincar de alegría a las papilas gustativas, salivando  sin tener "molienda" en el paladar.

Para abrir boca, una ensalada de cortesía

Ruper, según entendí que era el nombre por el que atendía este murciano, alto, moreno. Enseguida salió de su burladero para enfrentarse a este comensal, que en apariencia de toro quinqueño, bien que que disfruta del pasto culinario como un heral, sin exigencias exarcebadas; pues desde bien chiquino, devora la comida tan rápido,  que a la hora de la siesta, parece un rumiante, en vez de humano.
 La sonrisa perenne, y el ambiente cordial que se respiraba entre los comensales que allí estaban, hacía presagiar que ese mediodía iba a comer "en familia".¡No me equivoqué!
 Como andaban a lo suyo, y la televisión emitía publicidad, solicité al camarero que, con autorización del respetable (tres comensales) podía cambiar el canal a uno de Noticias.
 El cachondeo de los comensales habituales no tardó en surgir ante mi petición. Y todo, debido a a la vetusta televisión, que podría ser de mis tiempos de cuando tomé la Primera Comunión, que aportaba a este pequeño local el romanticismo de los locales de mi infancia.
 Ante las alubias presentadas ante este camionero de buen paladar, el mero rebozado, cual sanjacobo, con huevo frito de acompañamiento; y de postre un semifrío de turrón, hicieron que mis labios expresaran el deseo de que los parabienes a semejante menú elaborado llegasen a los oídos de Ana, su mujer; quien sin llegar a los cuarenta años, domina a las cacerolas sobre los fogones como las cocineras de toda la vida.

Fue una experiencia muy agradable para este camionero, acostumbrado a comer en diversidad de pesebres carreteros, pero no hecho a degustar las viandas tan bien guisadas, como servidas con el cariño de esta pareja de jóvenes murcianicos, tan serviciales y agradables.
  ¡Gracias pareja, por hacer sentir al extraño, como si estuviera en  su propia casa...!

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