Bien se podía definir a este Scania 93M, que hoy he podido contemplar en plena faena de descarga en Sevilla.
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| Scania, 93 M. 28 años trabajando. |
Su dueño, Manuel de 65 años, acompaña a Juan(52) para seguir disfrutando de su profesión a lomos de estos "caballos" viejos, que aunque renqueantes, todavía pueden llegar al destino marcado en los albaranes de entrega o recogida dentro de la comunidad andaluza. Fue una experiencia maravillosa volver a ver a Juan recoger la lona que protegía los palets de aceita de las inclemencias del tiempo. Con paciencia, y buen hacer( bien contenta que tiene que tener a su doña, cuando le ayude a doblar las sábanas antes de plancharlas) fue recogiendo la lona sobre el tejadillo de la carrocería del basculante.
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| Juan, no quiere, ni oir hablar de camiones modernos |
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| Interior del Scania 93 M |
Cuando estos caballos eran corceles, quien ahora escribe, era un adolescente de doce años, quien se desvivía por conducir el tractor de su padre en las faenas del campo; pues el único contacto con el mundo del camión que tenía por aquella época, era el momento en el que se acercaba a buscar a los amigos, cuyos padres desempeñaban, fuese por cuenta propia o ajena esta profesión, que hoy en dia desempeña a mucha honra.
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| Permiso de circulación del Scania 93 M que acredita su antigüedad. |
En aquellos años, estos hombres aprovechaban los fines de semana para, una vez embutidos en su buzo o mono de trabajo, lavar, reparar y engrasar la carrocería, así como los elementos mecánicos de los motores de sus herramientas de trabajo, manetas de dirección... etc. Ése era el momento en el que sus hijos, y los amigos de estos, aprovechaban para subir a las cabinas de estos galopadores del asfalto para jugar a ser camionero.
En aquella época de mi vida, la posibilidad de ser camionero no pasaba, ni de lejos por mi mente; pues siendo hijo y nieto de agricultores mi pasión era la conducción, pero de los tractores y coche de mi padre, sin olvidar a la moto Derbi Campera, a la que ya le iba poniendo ojillos, pero hasta los dieciséis años, me estuvo vetada su monta y disfrute por los caminos aledaños de mi pueblo.
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| Concentración camiones antiguos. Salamanca 2015. |
El destino me ha sido propicio en ayudarme a encauzar mi vida agarrado a un volante, sea en autobuses, ambulancias, y camiones.
Cuando he visto este camión decano de las carreras andaluzas multitud de dudas se albergaron en mi mente, pues observando la cabina interior del viejo Scania, este conductor moderno, bien que continúa renovando los votos de la admiración de aquellos camioneros que a bordo de estos burros de carga, cargados hasta los inconfesable, lidiaron con carreteras y puertos de montaña.
Su trabajo se presupone que fue duro, pues los nuevos avances en los camiones, ya inteligentes, facilitan el manejo, y ayudan al conductor a sentirse seguro.
Tengo la suerte de ser yerno de camionero, y poseer para su recuerdo, pues murió hace unos años, multitud de anécdotas carreteras de su vida profesional, como por ejemplo, cuando me contaba, como unía las noches y los días, sin apenas apearse de su cabina para conseguir cumplir con las expectativas marcadas, que cubrirían las necesidades de cuatro criaturas que apenas lo veían, pues cuando llegaba a casa, tras multitud de kilómetros recorridos, éstos ya se encontraban soñando con los angelitos.
En las puertas de su jubilación, disfrutaba de sus dos nietos, intentando cumplir como abuelo; quizá en un intento de devolver a sus hijos , en la personas de sus nietos, los gestos de cariño perdidos por los kilómetros recorridos en su vida camionera.
Muchas veces la vida es injusta con los camioneros, pues ansían su jubilación para devolver a quienes han guardado su ausencia durante su vida laboral, sean familiares o amigos, el afecto, la paciencia y la compresión por una profesión peligrosa que les coloca en un papel secundario, tras quien ostenta el papel protagonista en la vida de cualquier camionero, por el camión, sea decano o de generación moderna.
Quizás los malos hábitos adquiridos durante la vida laboral de un camionero, como comidas a deshoras, falta de horas de sueño, dolores de espalda motivadas por la falta, en aquellos años, de las modernas suspensiones modernas, hacen que los decanos del volante no disfruten como deberían su etapa de espera a la parca.
El camión no es sólo mi medio de vida, sino que también se ha convertido en mi hogar, pues cuando acabo la jornada de trabajo, tras kilómetros recorridos, la litera tras mi asiento, se convierte en mi refugio nocturno, en el cual, antes de apagar la luz interior de la cabina, el pensamiento siempre emigra buscando mi hogar, donde realmente me siento a gusto, y seguro...ante los peligros de la vida...
Nota: relato dedicado a todos los camioneros, en especial, a aquellos veteranos que todavía circulan por nuestras carreteras o autovías, en sus camiones de leyenda... Y en especial a Raúl, amigo residente en Alba de Tormes (Salamanca), a quien deseo una pronta recuperación de sus dolencias; sin cuyo apoyo gráfico no hubiera sido posible la inspiración para este relato, sin olvidar a Juan y Manuel, camioneros andaluces que me alegraron una madrugada de descarga...
¡ A Lázaro, in memoriam, gran camionero!










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