La generosidad de las personas te sorprende dónde y cuándo menos te lo esperas. Este mediodía por descuido, me di cuenta que no había comprado pan en mi lugar de costumbre. Volviendo de viaje, decidí parar en una gasolinera de la que soy cliente habitual. Me apee de mi vehículo, y me encaminé hacia la tienda aledaña a los surtidores.
Merece la pena recordar que las gasolineras de hoy en dia, ya no parecen estar concebidas en exclusiva para su uso original, pues por su hilo musical somos bombardeados por publicidad con el mismo formato que el de cualquier superficie comercial; sin olvidar, que la distribución del interior de su tienda dispone de varios lineales ofreciendo productos diversos, sean de prensa, charcutería, congelados, sin olvidar legumbres, aceites y vinos.
Por disponer, en estas tiendas también existen los productos ibéricos que bien les han supuesto a los protagonistas de esta historia algún disgusto en forma de hurto.
Pero es la venta de pan, su mayor reclamo para el público en general, sobre todo camioneros, y trabajadores de regreso a su hogar.
Por ser hora tardía, Antonio, el dependiente, a quien conozco desde hace once años por repostar en la gasolinera donde es empleado, intuyó que al no entrar en el "box" de respotaje,podía tener la intención de comprar el pan.
No tardó ni un minuto en preguntar si mi visita era para comprar el pan. Esta pregunta me la hizo, ya fuera de su mostrador, a la puerta de la tienda cuando se marchaba para su casa después de realizar el cambio de turno con su compañero Chema; en su mano sostenía una barra de pan.
Ante mi respuesta afirmativa, me ofreció su barra:
- <<Toma, Juan Carlos, que es la última que queda.>>
Ante su gesto, sonriendo, le contesté:
- ¡ No fastidies, que ya me acerco con la moto a una tienda, que seguro que le quedan todavía!
Él, con su sonrisa, me espetó:
- ¡ Que te he dicho que la cogas, que ya es tarde para que tengas alguna tienda abierta..!
De esa manera, no pude negarme a su generoso gesto, que bien imanta a este cliente al lugar donde trabaja este buen hombre. Pero no sólo la bondad manifiesta de Antonio es loable en esta gasolinera, sino que Chema, Manolo y Javi no le pierden la zaga, llegando en gestos admirables hacia mi persona desde que decidí que esta estación de servicio sería la ideal, no sólo por su localización próxima a la autovía de Burgos, sino también por el carácter jovial de sus empleados, sin olvidar su trato cercano y personal.
Hoy en diay, las circunstancias económicas han provocado que la clientela se diversifique por los distintos negocios que más les interese por sus precios, y cuanto más económicos mejor; y las gasolineras bien que lo han notado.
Yo de momento, no puedo permitirme el lujo de perder la atención de los protagonistas de esta historia de generosidad manifiesta, y mejor atención, por detallista, a un cliente, que bien se lo agradece...



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