sábado, 19 de marzo de 2016

150) LA SOMBRA DEL CAMIONERO

 Ya no es tan alargada, ni venerada como lo era en tiempos en los quien escribe jugaba en la misma puerta de la casa de sus padres, sin olvidar en la misma plaza del pueblo que le vio crecer.
LA SOMBRA DEL CAMIONERO, SU ÚNICA
COMPAÑÍA AL FINAL DE SU JORNADA LECTIVA.
  ¡Qué tiempos aquellos en los que ver llegar al camión que iba a ser cargado por el agricultor y sus hijos con el cereal recolectado y aposentado al inicio del verano en la era, constituía todo un acontecimiento..! Una vez el camión se situaba a la vera del "pez" o montón del trigo o cebada, el camionero se apeaba de su cabina , y tras acicalarse  con su visera y su buzo o mono de trabajo para que el polvo de la cebada o trigo no mancillase la pulcritud de su camisa y pantalón; se chiscaba, en algunos casos, su farias o cigarro, para hacer la espera, mientras se conformaba el copete del grano que coronase su vehículo y que bien le invitaba a ascender hasta lo alto de la carrocería por la escalerilla para colocar con una pala la carga antes de que se derramara por los laterales, mientras el sinfín o tubo hidráulico no emitía el sonido ensordecedor de sus cuchillas helicoidales al ser silenciadas  por el grano empujado por las palas de madera en manos del agricultor y sus hijos que no cejaban en su tarea a base de tirar de brazos y riñones, cual remeros, pero sin embarcación.
 Perdone el lector que haya compartido este recuerdo de aquellos tiempos en los que antes que los tractores se mecanizaran con sus portentosas rastras enganchadas en los brazos articulados traseros, así como las palas frontales que ayudaron a disminuir el tiempo de la carga, pero también fueron recortando los lazos establecidos entre el camionero y su cargador.
 Quizás hoy en día, el mercado, se haya olvidado de establecer lazos, que antiguamente fueron importantes para crear un ambiente ideal para el buen desarrollo del trabajo cotidiano.
UN SINFÍN ABANDONADO A LA INTERPERIE. FIEL
OBSERVADOR DEL CAMBIO DE CONDUCTA HUMANO.
En aquellos años de mi infancia, todavía el camionero era respetado, hasta tal punto, que era tratado a la vera de su camión con una educación exquisita a pie de la escalerilla de subida a su cabina.
  En aquellos días, los camioneros eran "venerados" no sólo por sus clientes, sino también por los automovilistas que se cruzaban y les rebasaban en aquellas carreteras antes de que fueran reconvertidas en las autovías actuales,
en las que es muy común, que ciertos conductores increpen aquel camionero que ose adelantar a un compañero, provocando con su maniobra, el "retraso" en el viaje del turista.
EN LA ACTUALIDAD, LA SOMBRA DEL CAMIONERO
NO GOZA DE SU ANTIGUO ESPLENDOR.
Por desgracia, el camionero actual ya no cuenta con aquella aceptación, la misma que inspiró a cantantes y poetas a componer estrofas y versos que conformaron ciertos himnos que de vez en cuando son enarbolados en algunas radiofórmulas que hoy día emocionan a quien las escucha.
 Ayer, 18 de Marzo, la "Operación salida" de la Semana Santa abrió los telediarios. Multitud de conductores conformaron con sus turismos retenciones a la salida o entrada ciudades  varias de nuestra Península en busca de su destino soñado para disfrutar con sus seres queridos de unos días de asueto al cobijo de una cabaña en algún paisaje nevado, o quizá buscando la sombra de una sombrilla en alguna playa que haya escapado a la borrasca; que ya va dejando su impronta para desgracia de algunos cofrades que no han podido ser cubiertos por la sombra de su venerada imaginería en la calle, mimada hasta la extenuación durante todo un año.
Ya sea en la playa, procesión o montaña siempre habrá un camionero , que será testigo, de como personas de toda índole o condición disfrutan de sus vacaciones, acompañados de sus seres queridos, mientras que él, volverá a su cabina, acompañado siempre por su sombra;  su única compañía en sus paseos solitarios mientras espera una ansiada carga que le devuelva a su hogar, del que cada vez está más ausente por los imperativos de una nueva sociedad, que ya cada vez menos valora a un trabajador, que para su desgracia, contempla como su sombra ya no sea tan alargada, como lo era antes...

 Nota: Recuerda, amigo conductor, que el camionero siempre será tu mejor aliado no solo para tus viajes, sino también para tu día a día.
¡No te cagues  en su sombra, por favor...!

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