jueves, 3 de marzo de 2016

145) ¡DE MERCADILLO, QUE NO DE PRADA!

  Así es como he vestido yo, y quizás también usted, estimado lector, alguna vez en su vida, sin necesidad de ser un diablo.
EL MERCADILLO, ESE ESTILO QUE TANTO VISTE
 Si hay un denominador común que define al español de pro, es que desde que nace, mientras crece y llega el tiempo de criar malvas, su cuerpo se ha visto cubierto por alguna prenda adquirida en el puesto de la plaza o localización municipal, en la que una vez por semana, los tenderos o vendedores ambulantes montan sus puestos de venta de todo tipo de productos necesarios para la vida de cada cual.
MERCADILLO DEL JUEVES EN LA PLAZA DE
PEÑARANDA DE BRACAMONTE (SALAMANCA)
 Son innumerables los productos que podemos adquirir en nuestro paseo entre los puestos ambulantes que conforman el mercadillo semanal celebrado a pie de calle, que no entiende de que llueva o chucee, pues la tradición promulgada por nuestros ancestros no se amilana ante la climatología adversa pronosticada por los climatologos modernos. Esta tradición mercantil, no se libra del control de la Administración, en un intento de que todos los productos sean vendidos dentro de la legalidad.
AGENTES DE LA BENEMÉRITA EN SU PASEO
DE CONTROL POR EL MERCADILLO DE AHIGAL(Cáceres)
 Cada uno de nosotros, hasta quienes presumen de ser de urbe, y reniegan de sus orígenes pueblerinos, han crecido al amparo de un mercadillo. Actividad mercantil que se convierte una vez por semana  en cosmopolita, pues siendo cada cual de su padre y su madre, aúna en la misma localización a niños, jóvenes y mayores, con un fin común, dar un paseo, que no siempre es tan fructífero para con la esperanza del vendedor.
MERCADILLO DEL DOMINGO EN
AHIGAL (CÁCERES).
Quien se desgañita en ofrecer sus productos, cuyos precios, no dudan en comparar en su arenga comercial con los de los grandes almacenes urbanos.
 Muchas veces, menospreciamos el valor del producto por haber sido adquirido en el mercadillo, pero cuando se conoce la vida y maneras de quien lo vende, quizás  la visión cambie.
 Abel, es un salmantino maduro, que ronda la cincuentena de años, quien lleva toda la vida dedicándose a la venta ambulante. Cuando a sus quince años se puso a despachar tras una mesa de camping en la que mostraba su mercancía de calcetines, valorada en 9000 pts de la época, supo que su vida iba a estar supeditada al pregón de su mercancía en pueblos y ciudades aledañas a la capital del Tormes.
ABEL DESPACHANDO EN SU PUESTO INSTALADO
EN PEÑARANDA DE BRACAMONTE (Salamanca).

 En una conversación improvisada, mientras montaba en la Plaza  de Peñaranda de Bracamonte(Salamanca) su puesto de ropa, narraba  que debe pagar al Ayuntamiento de la localidad salmantina, unos 700€ anuales para poder levantar su tienda cada Jueves. Y como a este Ayuntamiento, al resto en los que conforme su puesto metálico al aire libre. Pues también acude a los mercadillos de Salamanca, Ciudad Rodrigo, Madrigal de las Altas Torres y otros lugares en donde cuenta con su clientela particular de distintas edades.
 Me contaba a eso de las 9.00 am,  mientras las señoras despiertan a sus pequeños, les llevan a la escuela, él  acude a la localidad en su furgoneta para que cuando la mañana completase su despereza, las doñas y señoritas, sus principales clientes, dispongan de una amplio muestrario textil donde adquirir sus galas, no se si mejores, pero de calidad, seguro. Pues Abel, reconoce que cuando acude a sus proveedores, sabe cómo distinguir el buen género para que sus clientas vuelvan a su puesto en semanas sucesivas.
MIENTRAS LA CIUDAD O PUEBLO SE
DESPEREZA, LOS VENDEDORES AMBULANTES
MONTAN SUS PUESTOS.

 Escuchar a Abel hablar de su profesión o trabajo, incita al interlocutor a indagar en preguntas varias dirigidas a este veterano mercader, que con una sonrisa pícara, reconoce que de pequeño hacía novillos para irse con su abuelo a vender en el mercadillo. Quien escribe, está acostumbrado a observar a distintas personas a hablar de sus respectivas profesiones, pero créame  estimado lector, que ya les gustaría a muchos diplomados y licenciados, hablar de su profesión, como lo hace Abel de su trabajo como vendedor ambulante.
¡Cómo sus palabras denotaban que su profesión le corre por las venas..! Una profesión que se hereda de padres a hijos.
LOS AGENTES CON SU PRESENCIA APORTAN
SEGURIDAD AL MERCADER Y AL VISITANTE.
Es muy común ver a jóvenes adolescentes ayudando a sus mayores para montar las barras metálicas que dan forma al puesto; el cual, cuanto más amplio sea , según palabras de Abel, será más rentable por disponer de más disponibilidad de género que colme las aspiraciones de sus clientes, y que amortice el dinero entregado para obtener  la correspondiente autorización, que es requerida por los Agente de la Policía Local que franquean el paso a las furgonetas al ágora peñarandina; en la cual, a medida de que los rayos del Sol van despuntando, los puestos van quedando montandos, siendo los súbditos norteafricanos, junto con los fruteros, quienes los montan antes  que los mercaderes de etnia gitana comiencen a llegar a la plaza, a la que aportan ese murmullo tan característico, que nos hace creer, que compramos más barato que en Canarias...
AGENTES LOCALES SOLICITAN LA AUTORIZACIÓN
QUE ACREDITA AL VENDEDOR AMBULANTE.
¡El mercadillo, ese que tanto viste, hasta quienes presumen de que van siempre ataviados de Prada..!

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