domingo, 3 de julio de 2016

167) UN PASEO ENTRE COLADAS

 A medida que el paso de una vida ha ido encaneciendo mi cabello, ciertas imágenes cotidianas de mi niñez han desaparecido en la actualidad de mi vista, y por ende, de la suya también.
 En aquellos años de aprendizaje infantil era muy común ver a las puertas de las casas de los pueblos y en las ventanas y balcones de los pisos urbanos a las gladiadoras del hogar tendiendo sus coladas en sus  particulares tenderos.
COLADAS TENDIDAS A "VISTA PÚBLICA" EN
BARAKALDO( VIZCAYA)
Escribo particulares, porque existían mil y una forma de tender la ropa al sol que más  calentaba. Existían mujeres que utilizaban una cuerda soportada por unos enganches metálicos, en algunos casos, las argollas circulares que en otros tiempos sirvieron para atar las distintas caballerías empleadas en las labores agrícolas que aportaban el pan al hogar. Sea como fuere de donde se sujetaran las cuerdas que conformaban el tendero, las gladiadoras utilizaban una barra metálica o un palo de madera para separar la colada recién tendida de la suciedad auspiciada en la fachada por las distintas inclemencias meteorológicas. Impurezas que en tiempo del estío eran erradicadas al jalbegar la fachada y devolverle ese color tan puro como es el blanco. Existieron mujeres que se aprovechaban de la presencia de los árboles en su acera o jardín para efectuar el secado de la colada al tenderla, sino sobre alguna de sus ramas, en la cuerda que ataban de rama a rama.
DE LA ORILLA DEL RÍO, A LA PILA DEL CORRAL
PASANDO  POR LOS LAVADEROS PÚBLICOS LAS
COLADAS HAN SIDO LAVADAS POR NUESTRAS DOÑAS.
Las doñas del hogar siempre se las ingeniaban para que los moradores de su hogar tuviesen siempre dispuestas las mudas en las baldas de aquellos armarios de varios cuerpos; algunos heredados por distintas generaciones de una misma familia. Perdone el lector que me prodige en ciertos detalles, pero es que estoy recordando un gran armario ropero que tras ser desplazado de una de las dependencias del hogar paternal por el mal estado de alguna de sus bisagras y uno de sus fondos desclavado de tanto empuje por las manos de mi santa madre para colocar las distintas sábanas, cuando no la ropa invernal, sin  olvidar las consabidas mantas cuando el frío  charro daba permiso al estío castellano, fueron los motivos de la jubilación del ropero. Mi padre se ha resistido siempre ha deshacerse de ese armario de dos puertas, que tanta coladas albergó en sus años de servicio a su familia. Elemento indispensable para el  acicalamiento tuvo que ser este armario, donde mis abuelos y tíos se contemplaron una vez ataviados con la ropa recién recogida de sus escasas baldas y su anchísimo cajón inferior ; pues el espejo que todavía se mantiene entre sus dos puertas, bien que muestra el paso de más de cuarenta años.
LOS VIEJOS ROPEROS ALBERGARON  LAS COLADAS
EN NUESTRA INFANCIA. Y EN LA ACTUALIDAD  LANGUIDECEN
A veces me he preguntado, si mi padre, al alargar sus años de servicio, por seguir dándole uso  en la nave de la era, junto a los  utensilios de la huerta, se resiste  a desprenderse de los recuerdos que tanto le harán reencontrarse con la imagen de sus padres, y que el destino, en menos de un año, me arrebató  a mis ocho años.
 Quizás mi padre recuerde a su madre acercándose al río Margañan, con su balde lleno de ropa bajo un brazo, y la tabla para hacer la colada soportada por el otro. Como también rememore a las mujeres de la etapa más lozana de su vida portando los distintos aperos para realizar la colada en unos carretillos atravesado su pueblo, ya que el paseo se hacía largo hasta la orilla del río donde de rodillas ante su tabla, se dejaban los nudillos apretando el jabón elaborado por sus manos tras la matanza del cerdo. ¡Y qué tanta suavidad y fragancia aportaba a la colada..! Algunas prendas eran sabiamente tendidas sobre algún gran canto o piedra aledaña a la margen del río mientras ella y sus paisanas se prodigaban en sus faenas lavanderas bajo un sol de justicia. No les importaba, alguna de ellas, prodigiosa del cante, amenizaba aquellas ratos de colada para gracias y bienestar de quienes allí estaban. A mi abuela nunca la vi hacer la colada al pie del río, pero a si albergo en memoria imágenes fugaces cuya lavandera protagonista fue mi madre.
HASTA LOS CAMIONEROS PODEMOS HACER LA
COLADA EN LAS AREAS DE SERVICIO.
 El paso de los años ha ido modernizando  las formas y manera de realizar la colada. De la orilla del río se pasó a la pila de piedra donde restregar las prendas con saña para depurarlas de las impurezas; y de la pila a la lavadora, y en los últimos tiempos, ya no hace falta ni tenderla gracias a la proliferación del uso de la secadora; electrodoméstico cada vez más demandado, no se su por su eficacia o por los bandos municipales que en algunas poblaciones de nuestra España prohíben el tender la colada  de cara a la galería pública, es decir, que las señoras, señoritas y aquellos "singles masculinos" y señores avezados en las labores del hogar, por orden expresa de su Ayuntamiento, no pueden disponer en las ventanas  de su domicilio de tenderos que den a las avenidas de paso; borrando la imagen de aquellos tenderos que tanto engalanaron las fachadas de los bloques de viviendas de nuestras ciudades contemplados por varias generaciones.
LAS COLADAS TENDIDAS A "VISTA PÚBLICA "
SON DIFÍCILES  DE OBSERVAR YA EN LAS URBES.
 Sea por estética o por urbanidad, cada vez es más difícil contemplar las mudas, pantalones y camisas, cuando no camisetas, ondeando en cada balcón  en cualquiera de nuestros paseos urbanos. Y si mi aprieta, hasta en los pueblos y pedanías las coladas tendidas a vista discrecional ya no se prodigan. Bien es cierto, que la colada tendida facilita a ojos de rapiñas  voyeuristas emperdeníos demasiada información de los moradores de la vivienda que exhiba su tendero.  Quizás sea por ello, que la contemplación de la ropa interior tendida a los cuatro vientos no se prodige ni en los patios interiores. ¡Qué una cosa es que el vecino o amigo sepa de nuestra vida por las redes sociales, pero otra bien distinta es que conozca detalles de nuestros calzoncillos, bragas y sostenes..!
 Y si no me cree, lo podrá comprobar en la sucesión de fotos tomadas por el Paseo peatonal Dolores Ibarruri de Barakaldo(Bilbao), cuyos balcones aledaños mostraban al turista, que  esos hogares estaban conformados por personas sencillas; en su mayoría gentes obreras, quienes disponiendo de patios interiores según me narró una transeúnte de avanzada edad, aprovechaban esos balcones para instalar unos tenderos de coladas inspiradores de estas líneas, escritas por un camionero durante uno de sus múltiples esperas por una carga.
BELLA ESTAMPA, LA DE LAS COLADAS
TENDIDAS, EMULADORAS DE TIEMPOS PASADOS.
 Aquella señora, de avanzada edad, se mostraba contrariada ante aquella estampa.Me sorprendió su reacción ante mi pregunta, por querer conocer si aquéllos domicilios no disponían de patios interiores. Según sus palabras, aquellos moradores disponían de lugar "más íntimo" para secar sus coladas, pero bien sabemos todos, que la vida tan ajetreada que nos empuja, cual Levante, no entiende de normas, por lo que a falta de centrífugadora, bien está aprovechar cualesquiera de las ventanas de las disponga nuestra vivienda, para tener muda de repuesto, que no está la cosa para comprar ropas nuevas, y menos, para no mudarse de semana en semana como se hacía antes...¡Qué la discriminación la puede sentir sobre su coronilla, no sólo por su raza, sino también por cómo la cubra y cómo la seque e higienize..! Efectos de la "evolución" humana...

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